Crecimiento Espiritual

El Perdón de Jesús

Recibir gracia y extenderla con sabiduría

Foto perfil Gabriel Damalis

Gabriel Damalis

06 de feb de 2026


Jesus sale de la tumba frente a un hombre de rodillas
Jesus sale de la tumba frente a un hombre de rodillas

El perdón es una de esas palabras que suenan tiernas… hasta que vienen con un recuerdo real y, por lo general, doloroso. Un comentario que te marcó. Una traición que te quebró la confianza. Una injusticia que todavía te aprieta el pecho cuando vuelve a tu mente.

A medida que camino con Jesús, voy aprendiendo algo de mí mismo: muchas veces yo quisiera que el perdón fuera simple, rápido, limpio. Pero el perdón que Jesús ofrece, y el perdón que Él nos enseña a vivir, normalmente nos lleva por un camino de honestidad, oración y paciencia.

A veces perdonar se siente fuera de alcance

Cuando alguien nos hiere, nuestro corazón suele reaccionar antes que la razón:

  • Queremos que pague, o al menos una disculpa que se sienta “suficiente” y “aceptable”.

  • Tomamos distancia, para no sufrir otra vez.

  • Buscamos control, intentando ganar la historia y tener la última palabra.

  • A veces castigamos en silencio: frialdad, sarcasmo, silencio.

Jesús no minimiza el dolor. Él conoce lo que la maldad hace en una persona. Y, en el momento más injusto, cuando fue clavado en una cruz, el hace esta oración:

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34, RVR1960)

Esa oración nos muestra el corazón de Dios en medio del sufrimiento: un Dios que ama y tiene misericordia.

Recuerda: perdonar es una decisión.

Jesús en la cruz marca un nuevo comienzo

La Escritura dice que el pecado es real. Nos encierra en nosotros mismos. Rompe la confianza. Nos separa de Dios y de los demás.

“por cuanto todos pecaron…” (Romanos 3:23, RVR1960) “siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús.” (Romanos 3:24, RVR1960)

Entonces el perdón no es solo “sentirse mejor” con lo ocurrido, o decir “ya pasó” esperando que el tiempo lo cure sin ninguna acción. El perdón es Dios haciendo por nosotros lo que no podíamos hacer: restaurar una relación que nunca podríamos reparar con pura fuerza de voluntad.

Pablo lo expresa así:

“Dios… nos reconcilió consigo mismo por Cristo… y nos dio el ministerio de la reconciliación.” (2 Corintios 5:18, RVR1960)

Esto encaja con nuestra misión como iglesia. Personas perdonadas se vuelven testigos. Una comunidad redimida se transforma en un lugar donde la misericordia se practica, la unidad se cuida y el servicio se vuelve natural.

Recibir el perdón

Mucha gente vive con culpa o vergüenza, aunque por fuera parezca fuerte. Y muchos creyentes cargan, en silencio, el miedo de que Dios ya se cansó de ellos. Sí, he escuchado esto a lo largo del ministerio: una convicción mezclada con dolor, y a veces con un sentimiento de abandono.

La invitación de Jesús es distinta. Él no obliga; Él llama.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28, RVR1960)

Aquí hay un camino sencillo para recibir el perdón sin hacerlo liviano ni complicado. Creo que no hay una forma perfecta y “automática” de recibir el perdón, pero al menos puedo compartir unos pensamientos ordenados como guía:

1. Decir la verdad delante de Dios

Toma un tiempo donde no tengas interrupciones. Ora a Dios y, en esa oración, trae la historia real a la luz. Preguntas que pueden ayudarte a hablar de esa historia: ¿Qué pasó? ¿Qué hiciste? ¿Qué buscabas? ¿Qué temías?

Recuerda que Dios quiere nuestra honestidad.

2. Confesar sin excusas

Confesar no se trata de odiarse a sí mismo. Es estar de acuerdo con Dios sobre lo verdadero, para que la sanidad comience.

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados…” (1 Juan 1:9, RVR1960)

3. Confiar en Cristo más que en el propio esfuerzo

Algunos intentamos “ganarnos” un alivio prometiendo que ahora sí cambiaremos. Pero el perdón descansa en lo que Jesús ya hizo. Cuando lo recibimos, por fin respiramos.

En tu camino de fe, si te encuentras buscando a Dios, ábrete con sinceridad. Y si llevas años siguiendo a Jesús, nunca es tarde para ser sincero con Él y permitir que su perdón te abrace una vez más.

Aprender a perdonar en comunidad

Una iglesia que habla de gracia pero no sabe perdonar termina siendo un escenario. En cambio, una iglesia que perdona se vuelve un mensaje vivo y poderoso, especialmente para quienes no son parte de la comunidad, pero ven cómo se perdonan.

Pablo lo dice con claridad:

“perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” (Efesios 4:32, RVR1960)

Y en la carta a los Colosenses lo reafirma:

“De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” (Colosenses 3:13, RVR1960)

Voy aprendiendo que perdonar empieza con una decisión dentro del corazón: dejar de repetir la ofensa una y otra vez como si mi enojo y mi dolor pudieran cambiar el pasado. Puedo buscar verdad y justicia, pero ya no necesito venganza para sostenerme.

Perdón, reconciliación y límites sabios

Perdonar y confiar no son lo mismo. La relación se reconstruye cuando hay verdad, tiempo y frutos.

  • Perdonar: suelta el derecho a vengarse y pone el caso en manos de Dios.

  • Reconciliarse: es reconstruir la relación, poco a poco, bloque por bloque.

  • Confiar: crece cuando hay un patrón nuevo con el paso del tiempo.

En casos de abuso, manipulación o peligro, perdonar no te obliga a volver al daño. Puedes perdonar y, al mismo tiempo, poner límites firmes, buscar apoyo pastoral, recibir ayuda profesional y acudir a las autoridades locales si corresponde.

¿Qué puedo hacer para perdonar?

Es una pregunta que no se puede contestar con una sola frase que pretenda explicarlo todo. Pero sí podemos poner en práctica el perdón, y te comparto algunos pasos concretos:

  • Ora despacio, especialmente Mateo 6:12: “Perdónanos… como perdonamos…”

  • Nombra la herida con palabras simples: ¿qué fue? ¿qué te costó?

  • Identifica la “deuda” que esperas que paguen (disculpa, reparación, reconocimiento).

  • Entrega la venganza a Dios en oración. Pide justicia y misericordia, y pide un corazón limpio.

  • Algunas acciones concretas:

    • un mensaje sin acusaciones,

    • una conversación calmada,

    • pedir perdón si tú también fallaste,

    • o comenzar orando por esa persona aunque cueste.

  • Sirve a alguien esta semana como acto de libertad. El servicio puede ablandar la amargura y alinearnos con el camino de Jesús.

Y si te sientes trabado, no lo cargues solo. Tráelo a la comunidad. El perdón crece mejor cuando caminamos acompañados.

Oremos

Jesús, gracias por perdonarme cuando yo no tenía cómo pagar mi deuda. Enséñame a vivir con honestidad delante de ti, sin esconderme y sin aparentar. Dame valentía para decir la verdad, humildad para confesar y gracia para perdonar. Haz de nuestra iglesia un lugar de misericordia, unidad y testimonio claro de tu amor. Amén.

Concluyo con esta poderosa frase del teólogo alemán Dietrich Bonhoeffer:

“Cheap grace is the preaching of forgiveness without requiring repentance.” (“Una gracia barata es predicar del perdón sin requerir arrepentimiento”) — Dietrich Bonhoeffer, The Cost of Discipleship

Gracia y paz.

Unite a una comunidad diversa y amorosa, donde conocemos juntos a Jesús.

Suscribite a nuestro boletín

Enterate de nuestras actividades y mantenete en contacto con la comunidad